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sábado, 5 de abril de 2025

Novena del abandono

 


¿Qué es la Novena del Abandono?

La Novena del Abandono procede del Padre Dolindo Ruotolo (1882-1970), Siervo de Dios y candidato a la beatificación (para convertirse en santo). Jesús reveló al Padre Dolindo las palabras que componen esta novena. Padre Dolindo, que se hacía llamar «el viejecito de María», sufrió durante gran parte de su vida, llegando incluso a vivir paralizado los últimos diez años antes de su muerte. También fue, en un tiempo, director espiritual y amigo del Padre Pío, quien, del mismo modo, encontró el amor de Cristo en su sufrimiento.

Ambos Padres Dolindo y el Padre Pío nos dejaron muchas palabras y oraciones que nos guían hacia la entrega a Cristo. También nos inspiran a ir siempre al encuentro de los demás con misericordia y amor, representativos de sus propias entregas a Cristo y de su amor por nosotros.

Al rezar esta novena de entrega, meditamos sobre las mismas palabras que Jesús dio al padre Dolindo a lo largo de nueve días, en los que escuchamos a Jesús decirnos que se lo demos todo y que pongamos en Él toda nuestra confianza.

 

¿Cuándo rezar la Novena del Abandono?

Recurre a la Novena del Abandono siempre que te cueste ocuparte de algo por ti mismo, siempre que te cueste entregar a Dios una preocupación, una duda o un sufrimiento.

Reza esta novena para entregárselo todo a Jesús y decirle: «Jesús, ocúpate tú de todo».

¿Por qué rezar la Novena del Abandono?

La Novena del Abandono es una de las oraciones más poderosas que Jesús nos ha dado. Jesús conoció al padre Dolindo Ruotolo en su dolor, sufrimiento, agonía y duda. Y a través de las palabras que Jesús le dio, también nos encontramos con Jesús en este lugar. Rezamos la Novena del Abandono para humillarnos y reconocer que no podemos con todo, solos: necesitamos que Jesús cuide de nosotros. Como repetimos a lo largo de esta novena, pedimos entrega para apartar los ojos de nosotros mismos y mirar a Jesús.

 

Como decía Santa Teresa del Niño Jesús, «Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como en la alegría.

Esta novena del Abandono a la voluntad de Dios ha sido muy poderosa para las personas que la han rezado. A continuación, encontrarás dos testimonios de personas de nuestra comunidad Hallow sobre el poder de la Novena del Abandono:

«Me di cuenta de que no tenía nada que agradecer a Dios por las cosas que podía hacer por mí misma cuando le rechazaba y quería hacer las cosas a mi manera. La Novena del Abandono significaba esperar completamente en Dios, dejarle elegir completamente, dejar ir completamente mi voluntad y mi capacidad.»

«La experiencia de estos últimos nueve días despertando para entregarme a mí mismo y a mis días a Jesús ha cambiado completamente la forma de afrontar las tareas y retos que tenemos por delante. […] Me sorprende lo rápido que puede madurar un alma, y la cercanía a Cristo que uno puede experimentar en tan poco tiempo, es una de las experiencias que más me han cambiado la vida, y me gustaría seguir con este hábito en adelante.»

Esperamos que te unas para rezar la Novena del Abandono con Jonathan Roumie, el actor que interpreta a Jesús en ‘Los Elegidos’ The Chosen.




Cómo rezar la Novena del Abandono

Tiempo necesario: 5 minutos

Vuelve tus ojos a Jesús y reza para rendirte durante nueve días.

Comienza haciendo la señal de la cruz.

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo Espíritu Santo. Amén.

A continuación, lee las palabras que Jesús dirigió al padre Dolindo Ruotolo y que Él sigue hablándonos. Cada día de la novena, escucha y reflexiona sobre sus palabras y considera cómo te está guiando hacia la paz y el consuelo durante los próximos nueve días y para siempre.

Después de cada día, repite el estribillo de rendición:

«¡Oh Jesús, me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo!». (10 veces).

«Madre, soy tuyo ahora y siempre. Por ti y contigo, siempre quiero pertenecer completamente a Jesús».

 

Día 1

¿Por qué os confundís preocupándoos? Déjame el cuidado de tus asuntos a mí y todo estará en paz. Te digo en verdad que todo acto de entrega verdadera, ciega y completa a mí produce el efecto que deseas y resuelve todas las situaciones difíciles.

 

Día 2

Rendirte a mí no significa inquietarte, disgustarte o perder la esperanza, ni tampoco ofrecerme una oración preocupada pidiéndome que te siga y cambie tu preocupación en oración. Va en contra de esta entrega, profundamente en contra de ella, preocuparse, ponerse nervioso y desear pensar en la consecuencia de cualquier cosa.

Es como la confusión que sienten los niños cuando piden a su madre que atienda sus necesidades y luego intentan atenderlas por sí mismos, de modo que sus esfuerzos infantiles se interponen en el camino de su madre. Rendirse significa cerrar plácidamente los ojos del alma, apartarse de los pensamientos de tribulación y ponerse a mi cuidado, para que sólo yo actúe, diciendo: «Ocúpate Tú».

 

Día 3

Cuántas cosas hago cuando el alma, en tanta necesidad espiritual y material, se vuelve hacia mí, me mira y me dice: «Cuídala tú», luego cierra los ojos y descansa. En el dolor rezas para que actúe, pero que actúe como tú quieres. No te diriges a mí, sino que quieres que me adapte a tus ideas. No sois enfermos que preguntan al médico cómo. No actúes así, sino reza como te enseñé en el Padre Nuestro: «Santificado sea tu Nombre», es decir, glorificado sea en mi necesidad. «Venga a nosotros Tu reino», es decir, que todo lo que hay en nosotros y en el mundo esté de acuerdo con Tu reino. «Hágase tu voluntad en la Tierra como en el Cielo», es decir, en nuestra necesidad, decide como mejor te parezca para nuestra vida temporal y eterna. Si me dices de verdad: «Hágase tu voluntad», que es lo mismo que decir: «Ocúpate tú», intervendré con toda mi omnipotencia y resolveré las situaciones más difíciles.

 

Día 4

¿Ves crecer el mal en lugar de debilitarse? No te preocupes. Cierra los ojos y dime con fe: «Hágase tu voluntad, Ocúpate Tú». Yo te digo que me ocuparé de ello, y que intervendré como lo hace un médico y realizaré milagros cuando sean necesarios. ¿Ves que el enfermo empeora? No te enfades, cierra los ojos y di: «Ocúpate Tú». Yo te digo que me ocuparé de ello, y que no hay medicina más poderosa que mi intervención amorosa. Por mi amor, te prometo esto.

 

Día 5

Y entonces debo conducirte por un camino distinto del que ves, te prepararé; te llevaré en brazos; dejaré que te encuentres, como los niños que se han dormido en brazos de su madre, en la otra orilla del río. Lo que te perturba y te hiere inmensamente es tú razón, tus pensamientos y preocupación, y tu deseo a toda costa de lidiar con lo que te aflige.

 

Día 6

Sois insomnes; queréis juzgarlo todo, dirigirlo todo y verlo todo y os entregáis a la fuerza humana, o peor – a los hombres mismos, confiando en su intervención – esto es lo que obstaculiza mis palabras y mis puntos de vista. Oh, cuánto deseo de ti esta entrega, para ayudarte; ¡y cómo sufro cuando te veo tan agitado! Satanás intenta exactamente esto: agitaros y apartaros de mi protección y arrojaros a las fauces de la iniciativa humana. Por eso, confía sólo en mí, descansa en mí, ríndete a mí en todo.

 

Día 7

Hago milagros en proporción a vuestra plena entrega a mí y a que no penséis en vosotros mismos. Siembro tesoros de gracias cuando estás en la más profunda pobreza. Ninguna persona de razón, ningún pensador, ha hecho milagros, ni siquiera entre los santos. Hace obras divinas quien se entrega a Dios. Así que no pienses más en ello, porque tu mente es aguda y para ti es muy difícil ver el mal y confiar en mí y no pensar en ti mismo. Haced esto para todas vuestras necesidades, haced esto, todos vosotros, y veréis grandes milagros silenciosos continuos. Me ocuparé de las cosas, te lo prometo.

 

Día 8

Cierra los ojos y déjate llevar por la corriente fluida de mi gracia; cierra los ojos y no pienses en el presente, apartando tus pensamientos del futuro como lo harías de la tentación. Descansa en mí, creyendo en mi bondad, y te prometo por mi amor que si dices: «Ocúpate tú», yo me ocuparé de todo; te consolaré, te liberaré y te guiaré.

 

Día 9

Reza siempre dispuesto a entregarte, y recibirás de ello gran paz y grandes recompensas, aun cuando te confiera la gracia de la inmolación, del arrepentimiento y del amor. Entonces, ¿qué importa el sufrimiento? ¿Te parece imposible? Cierra los ojos y di con toda tu alma: «Jesús, ocúpate tú». No temas, yo me ocuparé de las cosas y bendecirás mi nombre humillándote. Mil oraciones no pueden igualar un solo acto de entrega, recuérdalo bien. No hay novena más eficaz que ésta.

 

Después de cada día, repite el estribillo de rendición:

«¡Oh Jesús, me abandono a Ti, ocúpate Tú de todo!». (10 veces).

«Madre, soy tuyo ahora y siempre. Por ti y contigo, siempre quiero pertenecer completamente a Jesús».

 

Por último, concluye con la señal de la cruz.

En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, Amén.

«Jesús, ocúpate Tú».

viernes, 4 de abril de 2014

KERIGMA TEMA 9: ORACION POR LA EFUSION DEL ESPIRITU


 

Objetivo del tema: Pedirle a Dios, en el Nombre de Jesús, Mesías, que cumpla la promesa de enviarnos su Espíritu Santo, y, seguros de haberlo recibido, alabarlo y bendecirlo.

Dios siempre cumple lo que promete. Él nos ha prometido su Espíritu Santo para renovar nuestro corazón y ha llegado la hora en que el cumpla su promesa. Él es fiel y no puede fallarnos. Es más fácil que se acabe el cielo y la tierra a que el deje de cumplir su promesa.

Vamos a explicar cómo disponemos a recibir el Don de Dios que Jesús va a enviar sobre nosotros. Sin embargo, debe quedar bien claro que no se trata de una técnica o método mágico. No. Dios hace las cosas como Él quiere y Él ya ha planeado desde toda la eternidad cómo nos va a enviar su Espíritu Santo en esta ocasión. Incluso, el Espíritu puede irrumpir en nuestro corazón antes de terminar la presentación de este tema, como le pasó a Cornelio y su casa cuando Pedro les predicó: Hech 10,44; 11,15.

La primera actitud que debemos tener es de fe: certeza de que Dios va a cumplir lo prometido, dando su Espíritu Santo a todos los que con corazón abierto se lo pidan. No venimos aquí para ver si Dios nos da su Espíritu. Estamos aquí porque nos lo va a dar. Él lo prometió y no puede fallar. Es más, está garantizado. Garantizado por la misma palabra de Jesús, por su muerte y resurrección.

Fiel es el que os llama y es Él quien lo hará: 1 Tes 5,24.

Ciertamente no debes estar pensando: yo no merezco el Don del Espíritu Santo. Ninguno de nosotros lo merece. Pero Cristo Jesús, Hijo Amado del Padre, lo mereció por ti y quiere regalártelo. Él, con su muerte y resurrección, lo ganó para ti y ahora te lo ofrece.

Tampoco debes decir: Yo no soy nadie para pedir el Espíritu Santo. Es cierto. Tú no eres nadie para pedirlo. Pero hoy tú no lo vas a pedir. Es Jesús quien lo va a pedir por ti, para ti. Tú lo vas a recibir. No necesitas pedirlo. Cristo Jesús, a quien el Padre siempre escucha y da todo cuanto pide, es el que va a pedir Espíritu Santo para ti este día. No pienses en ti, piensa en Cristo Jesús.

¿Cuánto cuesta el Espíritu Santo?

El que tenga sed que se acerque, y el que quiera que reciba gratuitamente el Agua de Vida: Ap. 22,17.

La recepción del Espíritu Santo no depende de nosotros ni de nuestros méritos. Ni siquiera de nuestra preparación. Nadie puede estar preparado para recibir al Espíritu de la Promesa. La donación del Espíritu depende sólo de Jesús. Sólo el Mesías, que está lleno de Espíritu Santo, puede darlo a quien se lo pida. El Espíritu Santo no viene porque seamos santos, sino para que seamos santos. El Espíritu Santo no viene porque nosotros seamos buenos, sino porque Dios es bueno y cumple sus promesas.

Por otro lado, tú no debes decidir y planear cómo va a ser tu experiencia cuando venga a ti el Espíritu Santo. A ti no te toca decidir cómo va a suceder. Dios, desde toda la eternidad, planeó con sabiduría y amor cómo te iba a tocar este día con su Espíritu. Tú no debes ponerle condiciones a Dios y limitar su acción, diciéndole: yo quiero tener la experiencia que tuvo mi hermano, mi amigo o tal persona al recibir la efusión del Espíritu. No. Eso no depende de ti. Depende de Dios que te conoce y sabe cómo te bendice. No le pongas tampoco ninguna barrera. Déjalo que Él se manifieste como Él quiera. No debes promover tu emocionalismo, pero tampoco debes reprimir tu emotividad, porque ciertamente algo grande e importante va a suceder hoy en tu vida. No te preocupes por la envoltura del regalo. Lo más importante es el Don del Espíritu Santo que vas a recibir. Lo esencial no es lo que sientas o no sientas: lo fundamental es que hoy vas a recibir una nueva efusión del Espíritu de Dios que va a cambiar tu vida. La única prueba de que recibiste el Espíritu Santo es el cambio de vida que comenzarás a experimentar. La prueba de que recibiste el Espíritu Santo no es si sentiste bonito, lloraste o hablaste en lenguas.

La prueba de que recibiste el Don de Dios es que desde hoy tendrás una paz y una seguridad como nunca la habías tenido en tu vida. Comenzarás a amar de una manera distinta. Estarás capacitado para apartarte de todo pecado y revestido de un poder de lo Alto para testificar a Cristo; gusto por la oración y hambre por la Palabra de Dios. Y sobre todo, una presencia de Dios en tu vida que no se aparta de ti. Cristo, que comienza a vivir de una manera nueva por su Espíritu en tu vida.



La actitud primordial no debe ser la de entregarte a Dios, debe ser la de recibir. Recibir a Dios, recibir el Don del Espíritu. No eres tú quien va a ir a Dios. Va a ser Dios que va a venir a ti. Más que una actitud activa, debe ser pasiva: dejar hacer al Señor lo que Él quiera. Todo corre por su cuenta. Abandónate en sus manos.

Tu corazón debe estar en paz y tranquilidad. Sin miedo ni ansiedad. Sin nerviosismo o temor. Simplemente va a ser un abrazo del Dios amoroso que es tu Padre. Sólo déjate amar y llenar por Él. Lo demás corre por su cuenta. No te vayas a distraer contigo mismo o con los demás. No te veas a ti mismo; no pienses en ti. Ve a Jesús, piensa en Él. Muchas tentaciones podrás tener de distraerte, pero toda tu atención debe estar centrada en el Señor Jesús. Aunque la persona que está junto a ti llore o se desmaye; aunque temblara o se cayera la pared de atrás; tú no te distraigas. A los hermanos que lo necesiten, se les atenderá. Tú no los vas a atender. Tú atiende al Señor Jesús. Algunos pueden recibir el Don del Espíritu de una manera suave, como una brisa; otros de una manera más fuerte, como un viento impetuoso. Tú no preguntes por qué. Simplemente deja que el Señor haga la obra como Él quiera.

Nuestra actitud central es la de fe. Estar seguros de que el Señor va a cumplir su promesa. Va a ser el mismo Mesías quien va a pedir a su Padre, el Espíritu Santo para cada uno de nosotros. La oración es la oración de Jesús; en su Nombre. Por eso, estamos seguros de que vamos a recibir el Don de Dios. Nosotros, pues, no lo vamos a pedir. Nosotros lo vamos a agradecer. Nuestra oración será la acción de gracias y alabanza a Dios que ha cumplido su Promesa. Esta oración de alabanza y acción de gracias la haremos en voz alta cada uno, abriendo nuestro corazón, y si el Señor quiere, nos dará también el poder alabarlo con sonidos inefables que nosotros no comprendemos pero que son la oración en el Espíritu de la que nos habla el Nuevo Testamento. Estemos, pues, también abiertos a este don de oración en lenguas que el Señor frecuentemente da con la efusión del Espíritu.

Dios nos va a inundar con el Agua Viva de su Espíritu Santo. Nos sumergirá en el océano de su Amor y su Poder. Pero, nos puede pasar como a esas botellas que flotan en el mar. El agua la rodea por todas partes, pero no entra porque tienen un tapón que no permite que el agua llegue a lo más profundo. Para que esto no nos suceda es necesario quitarnos el tapón que impide se realice el plan de Dios. Ese tapón es el pecado y todo rencor y resentimiento que hay en nuestro corazón.

Antes de pedir al Padre en el Nombre de Jesús que nos envié su Santo Espíritu, vamos a quitar de nuestro corazón cualquier obstáculo que impida que el Espíritu se derrame en nuestro corazón como un río de Agua Viva.

El obstáculo que tenemos es la falta de amor. Cualquier odio, resentimiento o rencor que exista para con algún hermano nuestro, es una barrera que está deteniendo el Espíritu Santo fuera de nosotros. Perdonemos, pues, las ofensas, como Dios nos ha perdonado a nosotros:

Oración de perdón de ofensas

En la siguiente oración, se pueden cerrar los ojos, para ir trayendo a la imaginación a cada una de las personas que se vaya nombrando.

* Perdono a mis padres porque no me dieron todo el amor y la atención que yo necesitaba. Les perdono las veces que me hicieron a un lado, los castigos injustos, los golpes y gritos con que me hirieron. Les perdono también su silencio e indiferencia para conmigo. Les perdono las veces en que se gritaron y pelearon delante de mí. Les perdono sus incomprensiones o preferencia por otro de mis hermanos.

-- Papá, mamá, yo les perdono de todo corazón con el mismo perdón de Cristo. Que Dios te bendiga, papá; que Dios te bendiga, mamá. Yo les doy el abrazo de la paz y la reconciliación.

* Perdono a mis hermanos por todas las veces que no me tomaron en cuenta. Por hacerme a un lado en sus juegos y diversiones. Porque a mí no me tenían la misma confianza que a sus amigos, por las veces que se aprovecharon de mí y por las veces que me acusaron delante de mis padres.

-- Hermano, yo te perdono de todo corazón con el mismo perdón de Cristo. Que Dios te bendiga, hermano. Yo te doy el abrazo de la paz y la reconciliación.

* Perdono también a mis compañeros de escuela por todas las burlas que hacían de mí y de mi familia. Los perdono completamente. Perdono al compañero que me golpeaba, al que me puso aquel apodo que no me gustaba. Perdono a todos los que se reían y burlaban de un defecto físico o de mi manera de ser.

-- Compañeros de escuela, yo les perdono de todo corazón como Cristo me ha perdonado a mí. Que Dios los bendiga a todos en estos momentos. Yo les doy el abrazo de la paz y la reconciliación, especialmente a quien más me ofendió.

* Perdono a mis profesores y maestros por las veces que me humillaron delante de mis compañeros, por sus reprensiones o calificaciones injustas. Por no haberme apoyado o ayudado. Por los complejos que en mí crearon con sus actitudes. Porque me hicieron sentir que no me querían; yo los perdono.

-- Maestros y profesores, Cristo, a través de mí, los perdona de todo el mal que consciente o inconscientemente hicieron en mi vida. Que Dios los bendiga a cada uno de ustedes. Yo les doy el abrazo de la paz y la reconciliación.

* Perdono igualmente a mis jefes y superiores que no reconocieron lo que yo era y hacía. Les perdono sus favoritismos y arbitrariedades; porque nunca me dieron un cargo de verdadera responsabilidad, por las veces que fui víctima de sus injusticias y de sus burlas. Les perdono el abuso de autoridad que tuvieron conmigo. Sus presiones y chantajes.

-- Jefes y superiores, con la autoridad de Cristo yo los perdono de todo corazón. Que Dios los bendiga abundantemente a todos ustedes. Yo les doy el abrazo de la paz y la reconciliación.

* Perdono al novio, novia que hirió mi corazón, dejándolo lastimado y desconfiado. Perdono al que se burló de mí y me usó como un mero pasatiempo en su vida. Perdono a él, ella, que no supo corresponder con amor a mi amor.

-- Yo te amo ahora con el amor de Cristo. Por eso, te perdono de todo corazón. Que Dios te bendiga. Yo te doy el abrazo de la paz y la reconciliación.

De acuerdo a las circunstancias se puede añadir el perdón a otras personas:

— Esposo (a), abuelos, tíos o tutores.

— Familia política y parientes cercanos.

— A quien nos ha robado, injuriado o difamado.

— A sacerdotes, monjas y clero en general.

— También hay "algunas" personas que guardan un resentimiento para con Dios y no le han perdonado la muerte de un ser querido, un defecto físico o la pérdida de un miembro propio o ajeno.

— Otros, tampoco se han perdonado a sí mismos una falta, un pecado o error.

-- Yo perdono a todos los que me han ofendido. En el Nombre de Cristo renuncio a todo odio, rencor y resentimiento que exista en mi corazón. De una manera especial en estos momentos perdono a la persona que más me ha ofendido, que más mal me ha hecho. La perdono de todo corazón y para siempre con el mismo perdón que Cristo ha tenido para conmigo. Pienso en esta persona y veo a Cristo junto a ella. Cristo la bendice y la abraza. Yo también la abrazo y le doy el perdón que Cristo ha tenido para conmigo.

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Ahora, seguros de que no hay ningún obstáculo en nuestro corazón, nos abandonamos a Cristo para que Él haga la oración y le pida a su Padre el Espíritu Santo prometido para cada uno de nosotros. En esta oración está muy cerca María, como estuvo en aquel primer Pentecostés con los discípulos de Jesús. Ella está al lado de cada uno de nosotros.

Como signo de apertura al Señor se ponen de pie los que libremente quieran recibir hoy la Promesa del Padre. Es Jesús, y sólo Jesús, quien da este Espíritu Santo. Pero como signo de amor y solidaridad, algunos hermanos estarán junto a cada uno de ustedes, para unirse a la oración de Jesús pidiendo Espíritu Santo y a la acción de gracias de cada uno de ustedes por el Don recibido. Ellos impondrán sus manos sobre la cabeza de cada uno de ustedes, y si el caso lo requiere, podrán ayudarlos a abrirse al Don del Espíritu y a cualquiera de sus manifestaciones. Los que quieran esta ayuda de los hermanos abran sus dos manos levantándolas en alto.

[Con el signo de la imposición de las manos, el cual no quiere significar otra cosa que la solidaridad y comunión en la oración, se ora por cada uno de los hermanos, a los cuales se les invita a comenzar a dar gracias a Dios por el Don recibido y que no pongan resistencia al don de lenguas, por si el Señor quiere dárselos, ya que es frecuente recibirlo en estos momentos.]



ORACION A JESUS MESIAS PIDIENDO ESPIRITU SANTO

(Es mejor que sea espontanea, pero más o menos con los siguientes elementos)

Jesús, Señor de los cielos y tierra, creemos que moriste en la cruz por nuestros pecados. Pero que Dios te resucitó y estás vivo para nunca más morir. Que el Padre te ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Estamos seguros de que todo lo que pides al Padre, Él te lo concede. Permítenos tomar tu Nombre Santo que está sobre todo nombre, y en tu Nombre con tus méritos, pedirle al Padre que derrame abundantemente su Espíritu sobre nuestros corazones. Padre Santo, en el Nombre de Jesús, el Mesías, el Hijo de tus complacencias, a quien no le niegas nada, danos tu Espíritu Santo. Él lo prometió. Danos, Padre, una nueva efusión de tu Espíritu que transforme todo nuestro ser y nos haga criaturas nuevas en Cristo Jesús para tu gloria.

Jesús, sabemos que tú estás lleno de Espíritu Santo. Abre tu corazón y llena el nuestro con tu Santo Espíritu que nos santifique y nos transforme.

Espíritu Santo, ven a cada uno de los que aquí estamos. Llénanos de ti. Inúndanos, bañanos, purifícanos, santifícanos y transfórmanos. Ven y haz de nuestro corazón un Templo vivo donde habites por siempre. A continuación, viene la oración personal sobre cada uno de los que manifiestan quererla. Durante esta oración sugerimos lo siguiente:

— La persona sobre la que se ora pidiendo el Espíritu Santo permanece en alabanza, repitiendo en voz alta su oración. Esto facilita el recibir el don de lenguas, cuando Dios lo quiere conceder. Orar con el signo de solidaridad de imponer las manos sobre la persona.

— La oración se debe centrar en un solo motivo: que Dios derrame una nueva efusión de su Espíritu. Sugerimos que aquellos que tienen el don de lenguas oren en lenguas.

COMENTANDO SOBRE LA EFUSION DEL ESPIRITU

A esta efusión del Espíritu generalmente se le llama "Bautismo en el Espíritu Santo". En otros lugares "Renovación del Espíritu" o "Release of the Spirit". También se le llama "Renovación del Bautismo en el Espíritu Santo" (aquí el termino Bautismo en el Espíritu Santo se entiende como la iniciación cristiana a través de los sacramentos de iniciación). También se le denomina "La efusión del Espíritu" o simplemente, para no absolutizar: "Una efusión del Espíritu".

Ningún término es completo para expresar la realidad que dicha experiencia encierra. Tampoco es mi intención justificar alguno de ellos. Yo he usado sobre todo "Efusión del Espíritu" porque es el más abierto y acorde con la terminología tradicional de la Teología en la Iglesia Católica.

Con "el Bautismo en el Espíritu Santo" o "Efusión del Espíritu" sucede como con todo tipo de fenómeno espiritual o místico. Primero se vive la experiencia del fenómeno; luego se trata de explicar con aproximaciones, imágenes o analogías; y por último, se va precisando en un lenguaje teológico apropiado. Así, la primera vez que el Papa Pablo VI habló sobre la experiencia de la Renovación el 10 de octubre de 1973 se limitó más a describirla por sus frutos que a definirla.

Lo cierto y más importante de esta experiencia es que algo especial pasa en las personas que piden a Jesús derrame en sus corazones la Promesa del Padre. Muchos señalan este momento como definitivo en su conversión al Señor. Otros lo describen como la puerta que les ha abierto un mundo nuevo en su vida espiritual y todos hablan de un encuentro con Jesús vivo. Quienes han recibido esta Renovación de su iniciación cristiana comienzan a tener una nueva visión de las cosas de Dios y de su Iglesia, una fuerza poderosa para testificar a Jesús en todas las circunstancias de su vida, un profundo sentido comunitario y responsabilidad por cada uno de los miembros de la misma, en fin, una apertura a toda la gama de los dones y frutos del Espíritu Santo.

Por eso, pues, la experiencia que esta Renovación Carismática está ofreciendo a toda la Iglesia es incalculable, pues proviene de la misma fecundidad del Padre, de la fidelidad del Hijo y del poder y amor del Espíritu Santo a través de los instrumentos humanos que Él quiere usar. La cizaña que pueda haber sido plantada por un enemigo no debe hacer caer en la tentación de querer segar antes del tiempo oportuno, ya que se pueden cortar también las espigas. Ciertamente, esta experiencia de la Renovación Carismática, volviendo a las fuentes de la evangelización primitiva, y basada más que nada en el poder intrínseco de la Palabra y la fuerza del testimonio, animados ambos por el amor del Espíritu Santo, están renovando la Iglesia, construyendo el Cuerpo de Cristo, para la gloria del Padre.

 

lunes, 3 de septiembre de 2012

Nuestra fe se demuestra: El perdón y el amor.




Nuestra fe se demuestra: El perdón y el amor.


Mateo ,:23-24 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda.

Para entender de una manera clara lo que dice la Palabra aquí en este versículo, lo que el Señor Jesucristo está diciendo a sus discípulos, lo que nos está diciendo en esta hora a cada uno de nosotros, es necesario que veamos un poco del contexto.

Versículo 21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio.

Nuestro Señor Jesús está hablando a sus discípulos en relación a lo que se les enseñó a los israelitas, al pueblo de Dios cuando salieron de la tierra de Egipto; tanto esa generación como las siguientes recibieron la Palabra de Dios, la ley. Recuerden que el Señor dedicó un tiempo para dictar leyes, estatutos, normas, mandamientos, todo aquello que Él consideró que su pueblo debería conocer y lo pusiera por obra.

No es de nadie desconocido que uno de los diez mandamientos establece no matarás, el violar este mandato de Dios trae consecuencias, no solamente espirituales, sino también físicas, una persona que comete asesinato tiene que ser enjuiciado por el hombre, no lo puede evitar, las leyes lo condenan, y si las leyes del hombre lo condenan, cuánto más lo condenará Dios que así lo estableció, Dios que le dijo al hombre no matarás.

Por eso nuestro Señor Jesucristo les está diciendo, ustedes saben lo que se les dijo a los antiguos, no matarás y cualquiera que matare será culpable de juicio, es decir que cualquiera que le quite la vida a una persona irremediablemente es culpable y tiene que ser enjuiciado y para ello existen tribunales, hay jueces quienes harán cumplir la ley, es claro, es sencillo, esto es algo que Jesús le está diciendo al pueblo que haga y que sabía que así sería y que así tenía que ser.

Versículo 22a Pero yo os digo.

Jesucristo empieza a hablar al corazón del creyente, del cristiano, y nos dice, pon atención porque te voy a decir algo más de lo que tú ya sabes, porque la ley establece que no matarás, pero ahora hay algo que voy a añadir. El Hijo de Dios lo dice, y voy a dar una nueva ley que va a complementar la antigua ley, pero esta nueva ley va a ser más estricta, más enérgica.

Versículo 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.

Es importante advertir que esta nueva ley que Jesús está proclamando confronta el enojo, porque el enojo lleva al individuo al asesinato, por tanto la nueva ley del reino es más profunda que los requisitos de la antigua ley, y para poder cumplir con esta nueva ley que Jesús está proclamando, que está dando a su pueblo, se necesita una vida muy superior, la vida de la nueva creación, y esto es algo claro. Dice la Palabra de Dios que nosotros ya no somos las personas que éramos, que todo lo viejo ya pasó, ya murió, ahora somos nuevas criaturas en Cristo Jesús, criaturas llenas de su Espíritu Santo, llenas de su amor, criaturas que vamos a ser de acuerdo a lo que Él establece, que estamos en la posibilidad de cumplir lo que Él dice en las Escrituras, que sabemos nuestra responsabilidad y que la queremos hacer y que queremos ser de acuerdo a su propósito, conforme su voluntad.

Esto es algo muy claro y es lo que quiere nuestro Señor; él con la autoridad que tiene viene y te habla y te dice: tú te aprendiste los diez mandamientos, dentro de ellos, dentro de la ley de Dios, sabes que no se debe matar, pero ahora te digo algo nuevo, cualquiera que se enoje contra su hermano.

Y esto también me llama la atención, Jesús está empleando la palabra hermano, con lo cual nosotros nos podemos dar cuenta que esta Escritura no es para la persona que está allá afuera, a quien no cree en él, a quien está perdido en el mundo; esta Palabra nos las da a ti y a mí, a nosotros que somos de la familia de la fe, que somos hermanos en Cristo porque sabe el Señor que entre nosotros hay problemas, sabe que nuestro corazón tiene conflictos en contra de los hermanos.

Si tú te enojas contra tu hermano, serás culpable de juicio; existen tres clases de juicios que nuestro Señor Jesucristo está mencionando en el versículo 22. El primer juicio es para el que se enoje contra su hermano, es un juicio el cual se llevaba cabo a las puertas de la ciudad y es realizado por los sacerdotes, el enojarte contra un hermano, es un delito, tal vez leve, no es algo muy grave.

El segundo juicio, que también está escrito en el versículo 22, y cualquiera que diga necio (la palabra hebrea aquí es racká) a su hermano, será culpable ante el concilio. ¿Qué concilio? El concilio del Sanedrín, este segundo juicio del Sanedrín era un juicio mas elevado, era un juicio integrado por los principales sacerdotes del pueblo de Israel, los ancianos, los interpretes de la ley y los escribas, es la corte suprema del pueblo judío.

Racká en el hebreo significa tonto, inútil, y es una expresión muy despectiva que tiene la intención de ofender a la persona, si se quería ofender fuertemente a alguien se le decía racká, tal vez en español la palabra tonto, no sea tan grave auque si cause graves problemas, conozco cantidad de padres que a sus pequeños les dicen tontos, inútiles, ¿qué es lo que sucede? Que ese pequeño crece con un problema, con una subestima, no se valora y siempre va a fracasar porque desde pequeño los padres lo han etiquetado, le han dicho que es un tonto, un inútil, que nunca va a poder. Pasan los años, crecen y vemos gente que no logra hacer nada en la vida porque desde pequeños los padres los estuvieron sellando con una palabra.

En el hebreo racká es una palabra fuerte, ofensiva, una palabra que molesta, que indigna y por lo tanto dice nuestro Señor Jesucristo que si tú le llamas racká a alguien, eres culpable y serás enjuiciado ante el concilio, ante el Sanedrín, es decir, ante sacerdotes, interpretes de la ley, escribas y ancianos, te van a juzgar porque eres culpable.

El tercer juicio del que habla nuestro Señor Jesucristo aquí dice que cualquiera que le diga fatuo (la palabra en hebreo es moré), quedará expuesto al infierno de fuego, en hebreo aquí tenemos la palabra que es gehena, y este es el tercer juicio, por lo tanto este es un juicio grave, un juicio realizado por Dios, el cual Dios lleva mediante el infierno de fuego, mediante el juicio supremo.

Viendo en el diccionario fatuo, en español significa lleno de presunción o vanidad infundada o ridícula, un fatuo, podemos entender por lo tanto que es una persona presuntuosa, con una vanidad infundada o ridículo; fatuo en hebreo, decía, es moré, que significa insensato, cualquiera que le llame insensato a su hermano quedará expuesto al infierno de fuego; insensato es una expresión de condenación usada para referirse a una persona rebelde, por lo tanto fatuo o moré es una palabra todavía más fuerte que racká.

Si tú le dices a una persona fatuo o insensato, lo estás ofendiendo terriblemente, es una gran ofensa y nuestro Señor Jesús no lo pasa por alto, por eso dice que tu sabes que si matas serás culpable ante el juez, bueno yo te digo algo más, si tú te enojas, si le llamas necio, racká, fatuo o moré a un hermano, tienes graves problemas. ¿Qué era el Gehena, de dónde viene esta palabra hebrea? También esta palabra viene de la palabra tofet; tofet es un valle muy profundo en Jerusalén que es usado como basurero de la ciudad, en este valle se avientan toda clase de inmundicias y se aventaban los cuerpos de los criminales, ahí eran arrojados y eran incinerados.

Ahí había un fuego continuo el cual vino a ser símbolo del castigo eterno, que es, dice la Biblia, el lago de fuego, nuestro Señor Jesucristo menciona estas tres clases de juicio usando ejemplos profundos para el pueblo judío porque nuestro Señor estaba en esos momentos hablando a los judíos para que entendieran bien la magnitud de lo que él quería expresar, para mostrarles cuál era el cambio que tenía que haber en su corazón. Tal vez en la antigüedad, cuando Dios estableció sus leyes y dijo no matarás, la gente pudo haber dicho, no lo mato, pero si lo odio, si le guardo resentimiento, rencor, le digo que es un fatuo, que me cae gordo, que es un tonto, inútil, en fin, siempre y cuando no lo mate Dios no me va a juzgar.

Había un gran resentimiento entre el pueblo de Dios, tan grande que tiene que venir nuestro Señor y enseñarles una nueva ley la cual tendrían que cumplir, estaban contaminados en su corazón. Hay una gran contaminación, y aunque nuestro Señor Jesucristo habla a los judíos, estos tres juicios para quienes estamos convertidos a Cristo Jesús, nos hablan de un solo juicio, que es grave.

A nosotros no nos van a llevar delante del sacerdote porque me enojé con un hermano, ni nos van a llevar ante la confraternidad de pastores de Nezahualcoyotl zona norte, ni con la del Estado de México, ni con la de la República Mexicana para hacernos un juicio porque le dijimos a un hermano racká, porque le dijimos que era un tonto y que era un inútil, no lo va hacer el Señor ni nadie lo hará, y eso es más grave, porque estos tres juicios están resumidos en uno solo que habla la Palabra de Dios, el juicio final ante el tribunal de Cristo.

Todavía si tú fueras a un juicio por enojarte con un hermano, para la siguiente ocasión que pretendieras enojarte con el hermano, lo vas a pensar; tal vez si le llamas a un hermano racká, pues sabes que la confraternidad de pastores del Estado de México te va a juzgar y te va a imponer una sanción y por lo tanto, para la siguiente vez que pretendas decirle racká a alguien lo vas a pensar, y antes de decirlo mides la magnitud de la consecuencia, podrías pensar en el castigo que te impondrían: tal vez me obligan a llegar temprano al servicio el domingo, o me obligan a venir al estudio bíblico, a la reunión de la familia, a una reunión entre semana, sería un caos, preferirían no insultar al hermano, quedarse callados, lo pensarían dos veces.

Pero como no tenemos estos juicios, como no hay quien nos castigue, como no tenemos un freno, entonces ofendemos al hermano, insultamos a otro, nos enojamos contra otro, al fin sentimos que no hay problema, sentimos que no pasa nada, que todo esta bien, y todavía nos presentamos como si fuéramos seres muy espirituales y venimos y sonreímos y le hablamos al hermano y lo abrazamos, lo saludamos y en la alabanza levantamos nuestras manos, cerramos nuestros ojos, nos balanceamos, hacemos cosas para sentir y convencernos a nosotros mismos que somos muy espirituales.

Pero, esto es muy peligroso hermano, porque si no ves a tú interior y hay un freno entonces un día vas a venir delante del gran trono blanco a juicio, y tú sentirás que el día que vayas a ese juicio vas a ir muy bien y que el Señor te va a felicitar y te va a poner una medalla, y va a resultar que no y el Señor te va a decir: ve el enojo que traes contra tus hermanos, todo lo que te enojaste en contra de ellos, todo lo que los ofendiste, todo lo que los insultaste, todo lo que tú hiciste, y  como dice la Escritura: eres culpable de juicio y por lo tanto eres expuesto al infierno de fuego. ¡Qué terrible sería!

Y qué terrible sería, además, no poderle decir al Señor ¡no lo hagas! Porque lo único que podrías hacer sería tratar de justificarte como lo hizo Adán. Padre, es que él me ofendió primero. Es que ella me vio feo, por eso me enoje y le dije racká. Y vamos a encontrar justificaciones y vamos a tener problemas con Dios y Dios va a decir: no acepto ninguna justificación, eres culpable de juicio; y lo sabías porque la palabra lo dice en Mateo 5:22.

Mateo 5,:22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio (racká). a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo (moré), quedará expuesto al infierno de fuego (gehena).

Dios va a cumplir su Palabra, ¡qué terrible! Pero ¿sabes? La misericordia de Dios es grande, y es tan grande su misericordia, su bondad, su amor, que nos advierte y nos dice: Cuidado, revisa tu corazón y cambia.

Versículo 23 Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti.

El Señor Jesús está diciendo que cuando presentes tu ofrenda, ¿qué es una ofrenda? Es algo que se presenta a Dios para tener comunión con Él, a diferencia del sacrificio, que se presenta para perdón de pecados, la ofrenda es para tener una relación más estrecha, más íntima con Dios, por eso dice si traes tu ofrenda al altar, si vienes con Dios a su presencia para tener una mayor comunicación y allí te acuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, esto se refiere a una ofensa causada por el enojo, por la reprimenda de acuerdo a lo que acabamos de ver en el versículo 22.

Versículo 24a deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano.

Hay una traducción que me gusta porque en lugar de decir reconcíliate, dice has las pases. si tengo algo en contra de un hermano, entonces tengo que hacer las pases; si quiero que Dios reciba mi ofrenda para que se fortalezca mi comunión con Él, lo primero que tengo qué hacer es reconciliarme, hacer las pases con mi hermano en la fe para que esa ofensa que hubo, que hay en mi corazón, sea quitada, para que nuestra conciencia esté libre; sin una conciencia pura, sin un corazón puro, no habrá relación con Dios; con un corazón contaminado, sin una relación no podrás participar del reino de Dios y esto es claro.


Hay cristianos que me han dicho, que han interpretado este versículo como el hecho de que tienen que ir con el hermano con quien han tenido algún problema y le deben reclamar su actitud, y no es así, entonces yo reviso la Palabra y veo que no dice que le vengas a decir, ni que le vengas a protestar y te vengas a quejar y le vengas a reclamar; la Biblia no dice: Ve, deja tu ofrenda y reclámale y peléate con tu hermano, no lo dice; la Palabra es clara y dice ve y reconcíliate, es decir, has las pases. Tal vez alguien diga, que no puede si primero no le dice al hermano qué es lo que le molesta, no puede reconciliarse, tiene que ser hasta que saque de su corazón todo lo que tiene en contra de él o ella.

Aquí la palabra no solamente se está refiriendo al hermano en la fe, también se refiere a la familia, recuerda que tu esposo, tu esposa también es tu hermano en la fe; tus hijos, tus padres, también son tus hermanos en la fe, y en muchas ocasiones en nuestro hogar tenemos problemas muy severos, y nos enojamos y ofendemos a los miembros de nuestra familia, a nuestros propios hermanos de la casa los lastimamos, les causamos heridas, les decimos tontos, inútiles, nos enojamos con ellos, tenemos problemas en nuestro corazón y todavía queremos venir delante de Dios al altar y esperar que el Señor nos diga: qué bonito hijo eres, me conmueves, te amo más que a todos los hijos que tengo en el mundo y por eso te voy a dar todo lo que me pidas.

Y así venimos, con esa actitud de que el Señor nos va a apapachar y nos va a felicitar, pero no es cierto, hay problemas en tu hogar, en la iglesia, con los hermanos en Cristo y no los solucionas, el solucionarlo no significa venir y pelearte con alguien; si el propósito de Dios hubiera sido ese, lo hubiera escrito, así de fácil, y diría: si tú te acuerdas que tienes algo en contra de alguien, agarra dos hermanos de testigo y ve e insulta al que te lastimó, dile todo lo que quieras decirle, desahoga tu corazón con él y entonces, una vez que estés tranquilo, vienes y presentas tu ofrenda en el altar; pero no lo dice así, para tristeza de muchos hermanos; la Palabra de Dios dice: Reconcíliate ¿Qué debo entender yo por reconciliación? ¿Qué debo entender por hacer las pases con alguien?

Marcos 1, 25a Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno.

Es decir, cuando estés en la presencia de Dios, en el altar, esto es claro, si tengo algo contra algún hermano porque me ofendió, me lastimó, mi corazón está con problemas en contra de alguno de ustedes, tengo que hacer algo, perdonar, ni siquiera dice aquí el Señor que yo vaya y me reconcilie con él, Dios establece algo bien claro y entiendo la reconciliación como el hecho de perdonar a alguien en ese momento.

¿Qué fue lo que hizo nuestro Señor Jesucristo cuando le crucificaron? ¿Creen que Jesucristo tenía algo en contra de quienes lo habían crucificado? ¿Tenía algo en contra de la humanidad pecadora? ¿No? ¿Creen que Jesucristo estaba feliz? Que dijo: humanidad pecadora cuánto te agradezco que me tengas aquí crucificado, cuánto te agradezco que me hayas apartado de mi Padre, te agradezco profundamente y te amo porque voy a ir al infierno y voy a estar ahí tres días para que después de estos tres días resucite.

¿Tú crees que había este sentimiento en Jesús? No creo, y tan no creo que le dijo al Padre antes de que esto pasara: Padre, si es posible que pase de mi esta copa, adelante, no la quiero beber; porque sabía lo que le venía, le dolía, iba a sufrir, lo iban a crucificar, lo iban a clavar en una cruz, ¿a ti te gustaría que te clavaran? ¿Tú sabes lo que es permanecer, lo que es vivir desde antes de la fundación del mundo con Dios, ser hijo de Dios, estar en el reino de los cielos, estar con Dios y tener toda la autoridad y tener que venir a esta tierra para salvarte a ti que eres un pecador, un irresponsable, que eres un enojón, tu que les dices a los demás fatuos, racká?

¿Tu crees que le agradó muchísimo? Yo no creo, y tan no creo que dice la Escritura que vino por amor, no dice que haya venido con una gran alegría, no, dice que fue obediente y murió en la cruz, por lo tanto yo puedo ubicar que ese momento de nuestro Señor Jesucristo había dolor en su corazón, sin embargo, su condición espiritual de ser un varón que oraba y que mantenía una estrecha comunión con Dios y que estaba fortalecido por el Espíritu Santo le permitió en ese momento decirle al Padre, perdónalos porque yo los he perdonado.

Jesucristo no le pidió al Padre tiempo para ir a reconciliarse con todos los que le crucificaron, para irles a reclamar lo que habían hecho, para echarles en cara lo que dijeron de él, para protestarles por qué le habían golpeado, escupido, apedreado, por qué habían hecho tantas cosas cuando le llevaron a ese lugar, no lo dice. Jesús crucificado levantó su voz al Padre y se puso en las manos de Él, y recuerda que una de las cosas que dijo el Señor fue: Padre, ¿por qué me has desamparado? No vas a decir que eso le dio muchos gusto al Señor, no sentir la presencia de Dios.

¿Qué sientes cuando los siervos del Señor oran por ti, desciende la bendición de Dios y tú caes? Te sientes bien, lleno de Dios, lleno de paz, sientes que Dios está contigo, sabes que Dios está contigo, y a la siguiente ocasión que preguntan ¿quién quiere ministración? Vuelves a pasar, y nunca el Señor te dice: Hey, tú ya pasaste hace ocho días, regrésate, no, y cada vez que tu pases Dios va a descender con su Espíritu y te va a ministrar, y te va a traer bendición, siempre lo va hacer.

¿Tú sabes lo que fue para Jesucristo, un varón que tenía el Espíritu Santo, Que era el hijo de Dios, no sentir la presencia de Dios, saber que Dios lo había abandonado? Por causa no de él, sino nuestra, por nuestro pecado, por nuestros enojos, soberbias, por ser fatuos, inútiles, tontos; y ahí estaba el Señor Jesús y dijo; perdónalos. Si estás en el altar y ahí te acuerdas que tienes algo contra alguien, dice el Señor, perdónalo; pero somos tan especiales, que todavía nuestro Señor nos tiene que doblar la mano y hacer una llave para que entendamos.

Versículo 25b Para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.

Es decir, si no lo quieres hacer por amor, si no lo quieres hacer como un ser espiritual, entonces hazlo de una manera obligada, sabiendo que si no lo haces, Dios tampoco te va a perdonar a ti; yo puedo entender el contexto de la Escritura, de que nuestro Dios quiere que seamos verdaderos seres espirituales, y nuestro Señor conjuga además, este problema del corazón de nosotros con algo importante.

Versículos 23-25a Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. 24Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. 25Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno.

El Señor entrelaza todo, ¿ tienes fe de que Dios te pueda bendecir? Entonces debes tener fe para perdonar, porque si no perdonas no vas a recibir lo que estás pidiendo en tu oración; si no tienes fe, entonces no habrá bendición para tu vida, es claro, así lo manifiesta el Señor. Dios no quiere que su pueblo tenga problemas entre sí, no quiere que esté peleado con los hermanos en la fe, no quiere que tengas molestias ni coraje, no quiere que haya problemas en tu corazón.

Mateo 5, 23-24a Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, 24deja allí tu ofrenda delante del altar.

Si estás en el altar y te acuerdas que tienes un problema contra alguien, deja tu ofrenda y reconcíliate con tu hermano, y de acuerdo a la Escritura de Marcos 11:25, anda y perdona a tu hermano; que eso que tú tienes en contra de él, tu se lo perdones; si estás molesto, estás enojado, porque sientes que tu hermano te hizo algo, sientes que te ofendió, te lastimó, te hirió, hizo cualquier cosa en contra de ti que lastimó tu corazón; bueno, perdónalo. No me ha pedido perdón porque es un soberbio. Muchas ocasiones nuestros hermanos ni siquiera saben cuando nos hicieron algo, muchas de las lesiones los demás nos las han hecho sin saberlo.

Todo es tan sencillo como dice la Palabra, a los antiguos se les enseñó le ley y se les dijo no matarás, nuestro Señor Jesucristo hoy viene con una nueva ley para una nueva criatura; una nueva ley que tú puedes cumplir en el Señor con el poder de su Espíritu Santo, y Dios quiere que tú lo hagas; si no perdonamos, si no nos reconciliamos con los hermanos de la fe que son de la mima familia espiritual que nosotros, si no nos reconciliamos aún con nuestros familiares que han sido comprados con la sangre de nuestro Señor Jesucristo, ¿cuándo podremos poner por obra lo que dice el Señor?

Mateo 5,44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen.

¿Cuándo lo podré poner por obra si no puedo perdonar a un hermano en la fe? Son varios aspectos que nos pide el Señor, cuándo podré cumplir con tener amor por lo enemigos y orar por alguien que me está lastimando, ¿cuándo lo podré hacer si no he tenido la capacidad de decirle a un hermano que me lastimó y que lo perdono, si no tengo la capacidad de reconciliarme con ese hermano?
¿Estás enojado con algún hermano en la fe, te enojan tus actitudes, su forma de hablar, su forme de mirar, su presencia? ¿A alguien le has dicho necio, fatuo, le has insultado? Tal vez no te ha oído, pero lo has pensado, si es así, eres culpable de juicio dice la Palabra, y el Señor así no te puede recibir, no puede recibir la ofrenda que tu traigas al altar, así no se puede fortalecer tu relación, tu comunión con Él, así tu oración va a encontrar una gran barrera, un gran obstáculo, necesitas perdonar, necesitas reconciliarte.

Yo sé que no te ha pedido perdón, pero no necesita pedirte perdón, tú necesitas ejercer el perdón y decir: Padre, lo perdono, perdono esto que me hizo, perdono que me lastimó, lo perdono porque quiero estar en una estrecha relación contigo, porque quiero vivir contigo por la eternidad, no quiero ser culpable de juicio, quiero que tu amor y misericordia se manifiesten en mi vida. Y perdona, reconcíliate con él porque solo así será recibida tu oración, habrá un fluir maravilloso y verás la gloria de Dios, pero tienes que reconcíliate.