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lunes, 5 de julio de 2010

Sexto tema: El Señorío de Jesús


TEMAS PARA LA RENOVACION DEL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACION







Objetivo del tema: Proclamar a Jesús, Señor del universo y Señor de cada área de la vida.


A. Jesús Señor

Jesús, al tercer día de su ignominiosa muerte en la cruz, fue resucitado por el Poder de Dios, y sentado a su diestra. ¡Jesús está vivo!, gritaba la Iglesia primitiva. ¡Jesús está vivo!, era la Buena Nueva que anunciaban las comunidades cristianas. ¡Jesús está vivo!, es el centro de la vida de la Iglesia. Dios no permitió que su Hijo experimentara la corrupción, al contrario, le exaltó y le glorificó.

- Le dio el Nombre que está sobre todo nombre: Flp 2,9.
- Le concedió todo poder en el cielo y en la tierra: Mt 28,13
- Lo llenó de su Santo Espíritu: Hech 2,33
- Lo constituyó Señor y Mesías: Hech 2, 36.

La resurrección, exaltación y glorificación de Jesús es el culmen de su obra salvífica. Si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra fe. Si Cristo no hubiera sido glorificado vana sería nuestra predicación y nuestra esperanza.

Sin duda que el culmen de la glorificación es la recepción del Espíritu Santo. El gran premio que el Padre le concedió a su Hijo en su exaltación fue una nueva y más abundante efusión de su Santo Espíritu:

“Exaltado por la diestra del Padre ha recibido el Espíritu Santo prometido” (Hech 2,33)

Si durante su vida terrena siempre estuvo recibiendo Espíritu Santo, por su gloriosa exaltación lo recibió de una manera infinita.

Y, con la recepción del Santo Espíritu, se le concedió la más alta investidura de poder en el cielo y en la tierra: Fue constituido SEÑOR:

"Sepa con certeza toda la casa de Israel que Dios ha constituido Señor y Cristo a este Jesús”. (Hech 2,36)

SEÑOR: El título de Señor lo ha constituido como dueño absoluto de todo el universo: del pasado, del presente y del futuro. Hombres, animales y toda la creación le están sometidos. Vencedor de la Muerte y del Maligno. Cielo, mar y tierra están bajo su poder. Juez de vivos y muertos: Hech 10,42; el Salvador: Hech 13,23; el Jefe que lleva a la Vida: Hech 3,15; el Mesías anunciado por los profetas: Hech 3,18.

Por otro lado, el título del Señor (Kyrios), que en el Antiguo Testamento era reservado exclusivamente para Dios, al ser aplicado a Jesús, afirma de una manera muy eminente su carácter divino. ¡Jesús es El Señor!

B. Jesús, mi Señor

Pero el dominio de Jesús sobre todo el universo debe extenderse de una manera especial y concreta sobre aquellos que creen en su Nombre; sobre cada uno de nosotros. Jesús es El Señor, pero debe llegar a ser efectivamente mi Señor, mi Rey. Esto es, quien decida en todas las áreas de mi vida, y quien gobierne toda mi existencia. El, quien dirija todos los deseos y apetitos, el que tome todas las decisiones de la vida: las grandes y las pequeñas.

“Si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos serás salvo”. (Rom 10,9)

Se trata de proclamar el Señorío de Jesús en todas las áreas de nuestra vida. Esto de ninguna manera anula nuestra personalidad o capacidad de decisión. Todo lo contrario. Se trata de hacer precisamente la decisión fundamental de que en adelante, sea Jesús quien tome todas las decisiones de la vida.

Ahora bien, el Señorío de Jesús es total o no es Señorío. O Jesús es Señor cien por ciento o no lo es. El no acepta el cincuenta por ciento de nosotros, ni el ochenta ni el noventa. Ni siquiera el noventa y nueve por ciento. Para que Jesús sea Señor se le tienen que rendir todas las áreas y aspectos de la vida. Hay que abrirle todos los rincones de nuestro corazón y permitirle que al entrar en ellos, los inunde con su luz.

Jesús no pide mucho. Jesús lo pide todo. El no se con¬tenta con formar parte o ser un aspecto de nuestra vida. El quiere ser el centro único de nuestra existencia. O todo o nada. O frío, o caliente, pero no tibio. A los tibios los vomita de su boca: Ap 3,15-16. El no admite ser sólo un adorno decorativo en nuestra vida, sino un personaje real que vive en nuestro corazón y gobierna efectivamente todo nuestro ser. Jesús quiere ser verdaderamente, el Rey de nuestra existencia.

Por eso, su reinado no puede ser como el de las monarquías constitucionales de Inglaterra, Bélgica o Suecia. No. En Inglaterra, por ejemplo, la reina Isabel II es un personaje muy importante: su imagen y su retrato la vemos por todas partes: está en los billetes y las monedas. La encon¬tramos en las estampillas postales y en las oficinas de gobierno. En el sitio más importante del Parlamento inglés, está la imagen de la reina. Tiene un palacio, ricas joyas y su carroza es tirada por doce caballos blancos. ¡Ella es la reina!, sin embargo, ella no es la que gobierna en Inglaterra. La autoridad suprema no es ella sino el Primer Ministro y el Parlamento. En el Parlamento está la fotografía de la reina, pero no es ella quien toma las decisiones importantes.

La reina es para los desfiles, las fiestas importantes y los aniversarios, pero no gobierna el país. Ella, ciertamente, firma los tratados y las leyes, pero los tratados y las leyes fueron elaborados por el Primer Ministro y el Parlamento. A ella simplemente se los dan para que los firme.

Hay muchos cristianos que toman el reinado de Jesús. Rey de reyes, como el de la reina de Inglaterra. Cada uno hace las leyes de cómo quiere vivir, hace los proyectos de su vida, toma sus decisiones y luego nada más va a Jesús para que los apruebe y firme, no permitiéndole que tenga parte alguna en su elaboración. Jesús es el Rey, pero ellos son los Primeros Ministros.

Otros se cuelgan la imagen de Jesús en una medalla de oro con una lujosa cadena. Jesús y su reinado es sólo algo exterior para ellos, porque quien gobierna su vida no es el Señor, son ellos mismos. Jesús es algo sólo exterior, que forma parte de esa vida, pero no es el centro; no es verdaderamente el Señor.

Otros más, tienen la imagen de Jesús en su casa, pero sólo es un simple adorno, porque quien gobierna ese hogar y esa familia no es Jesús sino ellos mismos. El cuadro es un adorno artístico porque Jesús no es realmente el Señor allí.

En el comedor de una casa había una imagen del Señor Jesús muy hermosa, enmarcada en oro y terciopelo, iluminada con un reflector que la hacía resaltar aún más, cau¬sando la admiración y el comentario de propios y extraños:

- Ya tiene treinta años ese cuadro en nuestra casa, dijo el padre de familia. El Señor Obispo lo colocó aquí.
- Sí  -continuó la esposa-, pero hace apenas dos años que el Espíritu Santo lo puso como Señor de nuestro corazón.

Cristiano no es el que tiene una imagen de Jesús en su casa o en su cuello, sino el que es una imagen de Jesús en su casa y fuera de ella. Cristiano no es el que dice con su boca: "Señor, Señor", sino el que realmente vive haciendo la voluntad del Padre de los cielos. Leer Mt 7,21.

Si de alguna manera se pudiera sintetizar o describir la experiencia de la Renovación Carismática y de todo convertido al Señor, sería con las frases: "Jesús es mi Señor", "Jesús es nuestro Señor", hechas realidad. La diferencia fundamental entre un cristiano y otro que no lo es, aunque se diga tal, es que el pagano habla, se divierte, piensa y vive según los deseos de la carne, con los criterios mundanos y haciendo siempre su propia voluntad.
El cristiano, por el contrario, vive según la voluntad del Señor, regido por los valores del Evangelio, con los criterios de Cristo y al impulso del Espíritu. No basta que Jesús sea nuestro Salvador. Es necesario que llegue igualmente a ser nuestro Señor. De otra manera queda incompleta su obra salvífica.

C. Proclamación del Señorío de Jesús, aquí y ahora

Si Jesús no es todavía realmente el Señor de toda tu existencia, hoy es el momento en que lo puedes proclamar como tal. Este es lugar para hacerlo. Decídete a vender todas las perlas para poder comprar la Perla preciosa. Decídete a entregarlo todo para quedarte con Jesús. En verdad vale la pena. Concretamente el Señorío de Jesús consiste en que hagamos todo y sólo lo que él quiere, como él quiere y cuando él quiere.

Pero, ¿cómo nos dirá Jesús cuál es su voluntad? Muy sencillo. En cada circunstancia en que nos encontremos bastará con preguntarnos ¿cómo actuaría Jesús si estuviera en mi lugar? Es más, hay que preguntarle al mismo Jesús: ¿Comprarías este vestido, Señor Jesús? ¿Cómo usarías tú el dinero, Señor Jesús? ¿Cómo amarías, Jesús, a tus hermanos, amigos y enemigos?... y hacerlo tal como lo haría Jesús.

"Hagan lo que él les diga": (Jn 2,5): nos dijo la Mujer que realmente fue "esclava del Señor" y en quien la Palabra de Dios se hizo carne.

“Si confiesas con tu boca que Jesús es Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo. Pues con el corazón se cree para conseguir la justicia y con la boca se confiesa para conseguir la salvación” (Rom 10,9-10)


Video del canto "Te Amo mi Señor Jesús" de Elmer Hernandez


1 comentario:

  1. Hermanito
    Me ha salvado la vida, Dios lo ha puesto en mi camino. Recientemente me pidieron dar este hermoso tema pero no sabía como aterrizarlo, muchísimas gracias por esto, de verdad su página es hermosa, ya está en mis favoritas. Realmente Dios le ha otorgado un don, siga así y gracias por los recursos.

    Atte: Una peke servidora de Dios.

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